El principe Vainilla y la princesa Chocolate

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En el reino Azul todos eran azules, menos la princesa, que se volvió marrón de tanto comer chocolate. Y en el reino Rosado todos eran rosados, menos el príncipe, que de tanto comer postres con vainilla se puso de color amarillo clarito. Ellos, felices con su color, pero los demás... Los demás, no tanto. A los azules sólo le gustaban los azules, y a los rosados, los rosados. ¿Quién se iba a enamorar, entonces, del príncipe y de la princesa...?

Una historia donde la princesa Chocolate es, más bien, una anti-princesa. Ni una pizca de delicadeza ni de sumisión. Sino todo lo contrario: es malhablada, gritona, desobediente, malhumorada y, para colmo, nada bonita para la gente de su reino.  Y lo mismo ocurre con el príncipe, que no es valiente, ni precioso ni reboza de vitalidad, característica fundamental de un héroe. El príncipe Vainilla también desafía las convenciones de los cuentos de hadas.
Con este panorama, ella sale a buscar novio y en este sentido, lo tradicional del cuento de hadas se modificó por completo.

Editorial: Del Naranjo

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